La exposición prolongada al sol se traduce en una falta de hidratación en la piel, aunque no hay que olvidar que la sequedad cutánea es un problema multifactorial.

La piel cuenta con una serie de mecanismos, estructuras y procesos que contribuyen, de manera natural, a mantener su estado óptimo de hidratación. Sin embargo, esta capacidad auto-reguladora puede verse alterada por diversos factores:

  • Externos: agresiones medioambientales, frío, calor, aire acondicionado, calefacción, contaminación, etc.
  • Internos: enfermedades o la edad.

Estos factores rompen el equilibrio natural de hidratación y provocan un déficit de agua en mayor o menor grado.

¿Qué sucede cuando tengo la piel deshidratada?

  1. El proceso de regeneración celular se ralentiza. La piel se renueva de manera más lenta, provocando que las células muertas se acumulen sobre las nuevas, creando una capa impermeable que dificulta la absorción correcta de principios activos y su propia oxigenación. Esto da lugar a un engrosamiento de la capa externa y a un proceso de descamación, dando como resultado una piel áspera al tacto y visualmente mate y apagada.
  2. El proceso de auto-hidratación disminuye o no puede desarrollarse de forma óptima. Debido a la agresión de diversos factores, la función protectora de la piel se debilita y se reduce su capacidad de retención de agua. El resultado es una estrés hídrico, una deshidratación en superficie (epidermis), provocada por unas pérdidas de agua intracelular, una degradación de los desmosomas, una carencia de filagrinas y de ceramidas, un menor efecto barrera y una alteración del manto hidrolipídico. Si la agresión es continuada, esta deshidratación será profunda y afectará a la dermis, con la consecuente aparición de signos adversos como la pérdida de elasticidad y seguidamente el envejecimiento prematuro de la piel, dando lugar a finas arrugas de expresión.

Cuando la capacidad de auto-hidratación desaparece o es insuficiente, la piel pierde su elasticidad y se vuelve tirante y frágil. Es entonces cuando aparecen las denominadas «arrugas de deshidratación» en los pómulos y en el contorno de los ojos, que son el resultado de una deshidratación cutánea profunda que afecta tanto a nivel de epidermis como de dermis.

En estos casos, la piel se notará áspera al tacto y seca, y a la vista, estará agrietada, mate y, en ocasiones, enrojecida y descamada, con sensación de picor o tirantez y fácilmente irritable.

Por eso es tan importante mantener una adecuada hidratación de la piel tanto desde el punto de vista estético como desde el funcional, para mantener una piel joven y prevenir el envejecimiento.